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ZONA DEL SILENCIO.
Texto y fotografías. Walter Bishop Velarde.

Después de pasar millones de años, de ser mar, a ser bosque, luego ser desierto, de nuevo ser mar, ahora bosque, y finalmente desierto otra vez, varias veces, no es sino hasta los años de los setentas cuando este pedazo de aparentemente nada, pura tierra, de un año al otro adquiere relevancia internacional.

Tampoco fueron uno o dos reportajes, sino una serie de artículos de igual número de sucesos y otros tantos más años, que al parecer lanzan al estrellato esta área de treinta o cuarenta kilómetros cuadrados no definida que tiene su epicentro a unos cuantos kilómetros al este del vértice de “Trino” o donde convergen los Estados de Durango, Coahuila y Chihuahua.

Ya desde el año de 1966 el Ingeniero Harry de la Peña, en paz descanse, pues fue en vida una gran persona y prácticamente el “autor” de la “Zona”, había notado al estar haciendo unos trabajos para PEMEX que según él, las ondas de radio de los mensajes que trataba de enviar a sus compañeros se desvanecían o no salían, razón por lo que empezaron a llamar a esta región la “Zona del Silencio”. Solo unos años después en 1969 cayó entre Durango y Chihuahua, el “Meteorito de Allende” famoso por contener material más viejo que nuestro propio sistema solar según articulo del Scientific American de agosto del 72, y eso después de darle una vuelta completa a la tierra o entrar en órbita, lo cual en si es raro, tanto así que ese mismo año de acuerdo a un reportaje en primera plana de Miguel Ángel Rúelas T. del Siglo de Torreón fechado 4 de Marzo de 1970 se afirma que el padre del programa espacial Norteamericano, e inventor de los Cohetes Alemanes V1 y V2 que tanto daño le hicieron a Inglaterra durante la segunda guerra mundial, Wernher Von Braun, había visitado de incógnito a “La Zona” el año anterior.

Pero no para ahí, según Von Braun la NASA posiblemente estaba interesada en establecer una estación espacial en la “Zona”, léalo usted bien una “estación de observación, radar, computadoras electrónicas, telescopio óptico, radio teles copio y sus respectivos edificios”. El reportaje causó gran expectación ya no se diga en Gómez Palacio, Lerdo y Torreón sino que en todo México, donde se leían notas como la del Ovaciones 29 de Junio de 1970 por Mario Cedeño Rosas que textualmente dice “seres de otros planetas están vivamente interesados en México”, “la ventana del espacio lugar: Ceballos Durango”.

Todavía no se aplacaba el polvo de las notas anteriores, cuando el 11 de Julio a las 02:00 horas de la madrugada, un Cohete “Athena” más o menos de cinco pisos de altura y un peso de 7 toneladas, de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos fue lanzado desde el estado norteamericano de Utah según esto rumbo a White Sands Nuevo México dentro de su mismo territorio, pero acaba de adivinar usted correctamente, cayó en la “Zona” y no fue sino hasta 24 días después el 3 de agosto de 1970 que se encuentra el mismo a ocho kilómetros al norte del cerro San Ignacio.

El revuelo que se armó fue intenso, cuando menos un millar de personas entre militares norteamericanos, ingenieros, científicos, y periodistas al mando del Carlos Bustamante y quizás otros tantos curiosos de las rancherías vecinas, se dieron cita en el lugar donde encontraron un cráter de 15 metros de largo por 5 de ancho y tres de profundidad, claro que del vehículo espacial no quedaba nada más que pedacitos, mismos que se presumían radioactivos más estos nunca fueron peligrosos, sin embargo, el mundo de interrogantes que desató el acontecimiento aunado a los anteriores, perdura hasta la fecha tanto así que se origina el gran mito de la Zona del Silencio.

Después de esto y bien se puede decir gracias a la gran expectativa que causa, por esfuerzos del Dr. Héctor Mayagoitia Gobernador de Durango, en el 74 se declara una área natural protegida, la primera a nivel mundial dentro de un programa de la UNESCO: Reserva de la Biósfera de Mapimí, la que inaugura el entonces Presidente José López Portillo.

Así pues, hace ya casi cuarenta años, miles de personas unas 2,500 anuales en promedio, siguiendo diferentes causas han visitado la Zona del Silencio, unos van a ver la naturaleza, otros quieren contacto con seres extraterrestres, algunos se van buscando a si mismos pero indudablemente todos se han sentido atraídos por el gran magnetismo natural del sitio o el que, ese constante peregrinar de gente le ha dado al lugar.

En lo que cabe estrictamente a lo natural, se puede afirmar que no es veraz la existencia de mutaciones en animales y plantas del lugar, si bien puede ser cierto que estos han desarrollado diferentes comportamientos y rasgos para poder sobrevivir en el extremo clima del desierto casi sin agua, esto no quiere decir que son fenómenos o fuera de lo normal en cuanto a animales del desierto se refiere.

Pero al despedirse el día y poco a poco el manto de la noche cubre el lugar las cosas se ponen diferentes. Ahora si que lo negro de la noche hace que se vean entre estrellas, nebulosas, la vía Láctea, planetas y aerolitos fugaces, literalmente billones de cuerpos celestes, un espectáculo definitivamente sin comparación. Y resulta que dentro de esta aglomeración de luminosas hay algunas que se mueven, unas como la estación espacial y algunos satélites son de fácil identificación pues hasta horario tienen y lo puedes consultar en la página de Heavens Above www.heavens-above.com , te dicen a que horas y que trayectoria va seguir este laboratorio espacial, también son evidentes las luces de los aviones que pasan por ahí arriba, oyes el ruido y todo, pero que hay de otras lucecitas que ve uno moverse, unas no tan arriba y otras de plano abajo.

¿Que sabría o andaba buscando Wernher Von Braun cuando visitó el lugar?, ¿por qué tanta gente y de todas partes del mundo quieren visitar “La Zona”?, y ya de plano ¿qué esconden las autoridades al prohibir las visitas desde hace ya casi dos años?. Claro que dan todo tipo de excusas pero, ¿qué en realidad es lo que se quiere tapar?.

No hay duda que como todavía vivimos en un México libre, pues cada quien puede llegar a sus muy particulares conclusiones, pero aun cuando somos de los más escépticos que puede haber, todo este misterio que envuelve al tema de la Zona del Silencio no hace más que levantar sospechas.

Por ahí nos vemos.

 
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