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ENTRE TIERRA Y ESTRELLAS.
Texto: Walter Bishop Velarde. Fotografías: Walter Bishop Velarde.

Los volcanes tipo Maar son aquellos que se forman por una explosión de vapor cuando la magma que viene desde adentro de la tierra invade un campo de agua, en este caso posiblemente subterránea, resultando de ésta un cono invertido con las paredes a flor de tierra como el que tenemos cercano al poblado de Flores Magón y que debería por su cercanía y singularidad ser un atractivo turístico de los más visitados en Durango, pero no nos sorprende mucho que no sea así.

Ya habíamos estado platicando durante toda la semana de la posibilidad de visitar el sitio ya que se aproximaba a la tierra una lluvia de estrellas o meteoros bautizada como la Camelopardalid por la constelación de donde saldrían, y se había especulado que podría ser una verdadera tormenta porque inclusive era la primera vez que se iba a ver este diluvio estelar en particular, de tal modo que resultaba muy interesante tomar la bolsa de dormir y algo de equipo para irnos a acampar esa noche adjunto a los cráteres.

Sin embargo, era algo tarde cuando paramos en el crucero de la carretera federal no. 45 y la estatal que va rumbo Canatlán a comernos unas deliciosas gorditas que venden ahí en Santa Lucía y ya la luz del sol iba en franco crepúsculo cuando pasamos por el poblado de Flores Magón donde tomamos algunas fotos, retrasando aun más nuestra llegada, de tal forma que cuando iniciamos a buscar el camino al Jagüey, el Maar más grande, ya era noche y no se veía nada o algo así como dice un corriente pero explicativo refrán mexicano "ni madres".

Llevábamos unas impresiones de imágenes de google earth de utilidad mínima y más o menos íbamos al tanteo con el vehículo que, por cierto, iba manejando nuestro piloto "a madres", (otro horrible refrán) a punto de atascarse en las arenas volcánicas que cubren todo el valle y que dan excelentes cosechas de frijol por la fuerza que le dan los minerales del evento vulcanista, para después de una subida de más de violenta que nos dejó con una llanta ponchada, y cuando nos bajamos a revisar, vimos que estábamos a punto de irnos con todo y camioneta a las profundidades del mentado Jagüey y todos instintivamente dedujimos que este de seguro era el momento adecuado para montar el campamento.

Ya traíamos dos contras en nuestro haber, la ponchada y ahora un viento bastante fuerte de sur oeste muy molesto pero íbamos bien preparados para estas contingencias y a un sujeto pedante de mar adentro lo mezclamos con agua y un poco de Coca-Cola y después de un trago y un respiro profundo adquirimos una buena estabilidad, misma que nos permitió ver sin estorbos la magia de la naturaleza en todo su esplendor con los destellos que nos daban sus estrellas, planetas y cuerpos celestes que verdaderamente hacían explotar tu cabeza de su magnificencia.

Bajamos el equipo fotográfico y preparamos todo para lo que sería un noche inolvidable y empezamos a fotografiar una tormenta eléctrica que se veía muy lejos en el horizonte, el resplandor de los pueblitos en el valle, vimos una estrella fugaz y nos emocionamos esperando el gran evento y nada, continuamos consumiendo espíritus de caña equivocando la vocación del licor totalmente, pues era una noche para un buen mezcal, no de ron, pero seguimos al pie del cañón hasta ya muy entrada la madrugada y nada, finalmente nos fuimos a dormir despertando cada media hora a ver que se veía algo y nada, hasta que salió la luna en forma de una uñita menguante, la siguió Venus opacando a todas y poco a poco se despidió el manto de la noche dejando al sol aclarar el día, no vimos más de uno o dos meteoros pero cuando menos fue suficiente como para pedir un deseo.

Bien desvelados nos levantamos muy temprano para tomar las fotos del amanecer y cambiar nuestra atención del cielo a la tierra donde nos esperaban un paisaje de antaño de dinosaurios y fuego con nuestros tres cráteres, uno tipo Maar, bastante especiales y de buen tamaño ya que uno mide los 1300 mts. de diámetro, los otros dos 800 y 300 respectivamente y de unos 50 mts. de profundidad, que según Eric R. Swanson (1989) son de una estructura colapsada en algún momento llena de lavas hirviendo como si fueran de agua. El valle en sí está fechado de la era cuaternaria de hace dos millones de años para acá y que no nos dice casi nada y se han hallado fósiles del Pleistoceno que llega hasta hace unos 11500 años, con lo que podemos decir en tiempo geológico los fenómenos son más o menos recientes. Cabe destacar que el área de la breña en Durango cubre casi 2000 km. cuadrados y se pueden contar más de 100 conos volcánicos en esta.

Del Jagüey y unas cuantas fotografías más, nos fuimos muy impresionados al poblado de Ricardo Flores Magón, nombre que toman en honor al oaxaqueño que junto con su hermano Jesús fueron héroes de la Revolución adelantándose algunos años a la misma imprimiendo artículos criticando al régimen Porfirista, lo que los llevó a pasar varios años en prisión, pero aquí es el nombre de este muy interesante pueblito situado dentro del municipio de Canatlán y a sólo 45 km. de Durango.
Las formaciones rocosas que están literalmente dentro del lugar son también extraordinarias y pues claro todo el mundo que los visita les ponen sus propios nombres, pero en lo general les llaman Los Monjes, la Virgen, Los Soldaditos y según alimentas a tu imaginación al ratito andas viendo puras alucinaciones, que por cierto, también se mencionó el tema de los Ovnis, del cual platicaremos en otra ocasión. Por ahí nos vemos.

 
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